Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


feliz 2018

feliz 2018

domingo, 7 de diciembre de 2014

Los secretos del Códice Atlántico




Atri. a Marco d`Oggino
      Las dos primeras semanas del pasado mes de noviembre El Arenal estuvo ocupado por las casetas de la Feria del Libro Usado y de Ocasión. En una de ellas compré el libro Leonardo da Vinci y los secretos del Códice Atlántico, editorial Blume. Su tamaño es de 35x28 cm, en papel cuché, y contiene 100 reproducciones fotográficas del Códice Atlántico de alta calidad. Aparecen estudios de máquinas de guerra, maquinaria civil, arquitectura, geometría, vuelo y movimiento. Su precio no alcanzaba los 10€, por muy poco.

      Al comienzo del libro aparece un retrato a la sanguina de Leonardo da Vinci de perfil, a plena página, atribuido al pintor Marco d`Oggino (1470-1549), que fue alumno de Leonardo. En el retrato, los ojos de Leonardo tienen el iris claro y el bigote se retuerce como formando una trenza.

Automóvil de Leonardo
      La mayoría de los dibujos están desarrollados a pluma, tinta y aguada. La aguada es una técnica que consiste en aplicar tinta rebajada con agua, generalmente a pincel, para sombras y degradados. En los dibujos del Códice los rayados de las sombras están inclinados a la izquierda, una característica propia de los dibujantes zurdos.

      En las láminas, junto a los dibujos, Da Vinci escribía notas encriptadas que para descifrarlas hay que leerlas reflejándolas en un espejo.

Buzo
      Para mí, uno de los dibujos más curiosos es el de un pequeño mapa de Europa realizado entre 1490 y 1495. En él aparecen los reinos de la península Ibérica de una manera un tanto rara, escritos los nombres de una forma algo confusa. En la zona del mar Cantábrico, desde Navarra hasta Asturias, Da Vinci sitúa a dos reinos con el nombre de Castilla, escrito este nombre algo así como «Caftiglia»; la zona que ahora sería parte de Aragón, Cataluña y el Levante es donde sitúa el reino de Aragón, escrito más o menos así: «Aragona». Portugal lo escribe algo parecido a «Portogalu»; y en lo que debería ser el reino de Castilla, que en el mapa ocupa parte del reino de Aragón, pone «Fpagna». En lo que sería la actual Galicia marca un reino al que llama también «Fpagna», según me parece leer. También aparece el reino de Granada, por lo que deduzco que el mapa pudo dibujarlo Leonardo antes de 1492, año en que fue conquistado este reino musulmán por los Reyes Católicos; su nombre está escrito como «Granada» o «Granata» , no se distingue bien.

Estudio para un ala
    Como podéis ver, Leonardo emplea la “f” en lugar de la “s” para escribir Castilla y Spaña (sin la “e” inicial). Este uso también lo he visto en los Annales del Reyno de Navarra, del padre Joseph de Moret, de la Compañía de Jesús, año 1677. A continuación pongo una porción sacada de este libro. Al principio cuesta un poco acostumbrarse a su lectura, pero al rato se lee tranquilamente. Si os parece pesado leerlo os lo saltáis y Santas Pascuas; de todas maneras, de seguido lo he puesto actualizado al castellano de nuestros días, por si os pica la curiosidad de qué pone:

      “Pero podia mucho con Almanzòr el obftinado Conde Don Vela, que le incitaba contra Caftilla: y eran muy eftimable nervio de fus Fuerzas los malos Chriftianos, que, ò temiendo caftigo de fus delitos, ò mal hallados con fu fortuna, y queriéndola hacer debaxo de las Banderas de Almanzòr, que cebando fu efperanza fe la  prometia muy cumplida de las tierras, y bienes de los Vencidos, y olvidados de fus obligaciones feguian la Conducta del Conde. Y acariciabalos tanto Almanzòr, que affeguran, que en los pleitos, y diferencias inclinaba mas el favor de la fentencia àcia el Chriftiano, que àcia el Moro.”
Estudio para un ala
  
      “Pero podía mucho con Almanzor el obstinado conde don Vela, que le incitaba contra Castilla: y eran muy estimable nervio de sus fuerzas los malos cristianos, que, o temiendo castigo de sus delitos, o mal hallados con su fortuna, y queriéndola hacer bajo las banderas de Almanzor, que cebando su esperanza se la prometía muy cumplida de las tierras y bienes de los vencidos, y olvidados de sus obligaciones seguían la conducta del conde. Y acariciábalos tanto Almanzor, que aseguran  que en los pleitos y diferencias inclinaba más el favor de la sentencia hacia el cristiano que hacia el moro.”
  
Catapulta con resorte
      El Códice Atlántico, el auténtico, se encuentra en la Biblioteca Ambrosiana de Milán desde 1637. Lo componen 1.119 folios repartidos en 12 volúmenes encuadernados en piel de antílope. Su consulta se reservaba exclusivamente a especialistas, sin posibilidades de participar en exposiciones, hasta que en 2008 y 2009 se procedió al desencuadernado y permitió exponer la totalidad de los folios no sólo en Milán, sino también en los principales museos del mundo.

Espingarda múltiple
      La colección de Milán abarca desde 1478 a 1519. El nombre de «Atlántico» le viene al Códice de unos grandes folios llamados atlánticos que en el siglo XVII se utilizaban para dibujar los atlas.

      En 1517 Leonardo se trasladó a Francia llamado por el rey Francisco I, para desempeñar los cargos de pintor, arquitecto, ingeniero y mecánico. A su muerte, el 2 de mayo de 1519, fue enterrado en la iglesia de Saint-Florentin, en Ambroise. Dejó un legado de folios sueltos a Francesco de Melzi, discípulo y amigo de Leonardo, que los supo cuidar hasta su muerte, en 1570, como lo que eran: un tesoro. Sus herederos, sin embargo, trataron los folios con indiferencia y acabaron abandonados en una buhardilla de Villa Melzi y finalmente dispersados por los marchantes de arte. Pompeo Leoni, hijo de Leone Leoni, escultor que había trabajado para Felipe II de España, se hizo con 1.119 de estos folios y los pegó en folios de formato atlántico para reforzarlos. Cuando una lámina estaba dibujada por las dos caras, entonces Pompeo Leoni abría una ventana en el folio.

      Al estar los folios del Códice sueltos se encontraban expuestos al robo de forma individual. Tras un robo sin consecuencias ocurrido en 1968, se decidió encuadernar la colección en doce volúmenes. Esto impedía ser consultado cada folio individualmente, con el consiguiente deterioro general, y en las exposiciones sólo se podían exponer 12 dibujos, uno por cada libro. Los problemas se resolvieron a la desencuadernación del Códice.

Catapulta




sábado, 29 de noviembre de 2014

Black Friday



      Hoy han encendido las luces de Navidad. Aún es pronto, y hay quien considera un despilfarro hacerlo por estas fechas. En el Ayuntamiento se han curado en salud: dicen que es para potenciar el comercio. Si no recuerdo mal, solían encenderlas para la Inmaculada. A mí me gusta ver la ciudad iluminada de esta forma.

      Las Siete Calles y la Gran Vía estaban abarrotadas. Hoy era el Black Friday, el día de las grandes rebajas, una costumbre que los comercios han importado de Estados Unidos, de ahí su nombre en inglés en vez de en castellano o euskera. En Estados Unidos las rebajas deben de ser espectaculares pero aquí son de poca chicha.

      En la Gran Vía los árboles estaban iluminados con lucecitas azul Bilbao, como todos los años. Desde el cielo parecerá un río luminoso. El azul Bilbao es un color azul subido con una pizca de rojo.

      Cerca de la Diputación había unos puestos donde vendían vinos y comida de Andalucía. Por los altavoces sonaba una guitarra con música andaluza. Resultaba extraño, pues por aquí es raro oír música de Andalucía en la calle, si es que se oye alguna vez. La guitarra, aumentada la resonancia por los altavoces, parecía que su música salía de las entrañas de la tierra. Era un placer escucharla, y evocador. De pronto me he sentido transportado a Granada, cuando por estas mismas fechas estuve allí hace ya mucho tiempo.

      Hacía unos estupendos 17º para pasear y ver escaparates. En la churrería que han puesto en El Arenal me he comprado media docena de churros. Estaban riquísimos. Pero engordan. La churrera los ha regado con un sunami de azúcar y cuando los he terminado creía que me iba a convertir en una caña de azúcar. Me habría gustado que el tiempo se hubiera detenido y que esta tarde no acabase nunca, o que se repitiera un día y otro, como a Phil en el Día de la Marmota. Sería maravilloso. Entonces me comería una docena de churros todos los días, en vez de seis.

      Desearía que el tiempo no pasase y que todo se quedara como está. Pero no va a ser así. ¡Qué pereza!



domingo, 26 de octubre de 2014

Un pastel y un libro



     


      Hoy es sábado, y la mañana ha salido agradable; veintiséis grados al sol y veintidós a la sombra, pero la sensación térmica era de algo menos. En julio y agosto el asfalto está recalentado y con estas mismas temperaturas casi te asas. Hoy apetecía pasear.

      En la Plaza Nueva, a partir de las 12:00 del mediodía, el Gremio de Pastelería de Bizkaia había organizado la «Primera Fiesta de la Pastelería Artesana», durante la cual se iban a repartir 3.000 carolinas, que se podían degustar tras comprar un boleto. La intención era poner de relieve el trabajo de los pasteleros bizkainos y los dulces que elaboran de forma artesanal. Para la 13:00 del mediodía los boletos se habían agotado.

      La carolina es un pastel bilbaíno con más de cien años de antigüedad. Dicen que lo creó un pastelero para su hija Carolina. Consiste en una cazuelita de hojaldre sobre la que va una capa de merengue con forma de cono, y cuatro laminitas de huevo y chocolate resbalando por los costados del merengue como si fuera la lava de un volcán.

      La recaudación de la venta de las carolinas estaría destinada a la Fundación Stop Sanfilippo, que trata de recaudar 3.000.000 de euros para poder ensayar en pacientes un tratamiento de terapia genética para el síndrome de Sanfilippo, en España. En El Arenal, con motivo de ser hoy el «Día Internacional Piel de Mariposa», la asociación DEBRA (Asociación de Epidermólisis Bullosa de España) también recaudaba fondos. Ambas enfermedades son «enfermedades raras», es decir, que las padecen sólo una pequeña parte de la población. El Síndrome de Sanfilippo afecta a 1de cada 70.000 recién nacidos, y la Piel de Mariposa (Epidermólisis Bullosa) a 1de cada 50.000.


 Por la tarde he estado leyendo de forma salteada algunos capítulos del libro Compendio de la Historia de Bizcaya de Estanislao J. de Labayru, por Fermín Herrán. Este libro fue publicado por primera vez en 1898; la edición que yo tengo es de 1978.
      
Encuentro en el libro que en 1496 la infanta de Castilla, doña Juana (que luego sería la reina Juana I de Castilla, la Loca), embarcó en Laredo para ir a casarse con el archiduque de Austria don Felipe IV de Borgoña, que pasaría a la Historia como Felipe I de Castilla y IV de Borgoña, el Hermoso.


      «Formaron parte de esta escuadra veinte navíos de guerra, y con ellos hasta ciento veinte naos con quince mil hombres. En las naves de guerra, dotadas con tres mil hombres, iban quinientos cincuenta vizcaínos.
      El 22 de Agosto de 1496 fue despedida en Laredo por la reina doña Isabel.»
     
      He escogido este pasaje porque me ha sorprendido que la reina Juana embarcase en Laredo, pues su puerto aun hoy día es pequeño y el pueblo antiguo también, y por lógica en 1496 lo serían aún más. No sé por qué se eligió Laredo en vez de Santander o Bilbao. Los personajes de las fotografías son Juana y Felipe.
     
       «A fines del mismo año recibieron los reyes de Castilla y Aragón, don Fernando y doña Isabel, del Papa Alejandro VI el título de “Reyes Católicos”, con el que tanto se han distinguido en la historia.»
      ¿En 1496? No lo sabía.

Alonso de Ercilla
        «Debe recordarse, en este año de 1514, al insigne bermeano, varón doctísimo, Fortuno García de Ercilla y Arteaga, no sólo por ser uno de los hombres más preclaros de su tiempo, sino también como padre del insigne poeta Alonso de Ercilla, autor de “La Auracana”.»
      Hay un árbol rarísimo en Chile llamado araucaria, un auténtico superviviente del Mesozoico. Pertenece a las coníferas, y está cubierto de unas hojas que son como escamas. En Bilbao, en la calle Ercilla hay uno pequeño (apenas un arbusto) en el monumento al poeta Alonso de Ercilla. Pero yo recuerdo haber visto en Zalla o en Aranguren, en el jardín de una casa indiana, una araucaria que al menos medía 15 metros.

      «En regimiento celebrado el 12 de Enero de 1560 se dispuso que se expidiese la expulsión de los judíos que intentaban fijarse en el Señorío y que los confesos fuesen puestos en lugares apartados.»
      Pobre gente… Más adelante leo que el decreto de expulsión se derogó. Para ellos este pequeño recuerdo.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Cartas a Theo

        

      
      Lo que me sería muy agradable tener aquí, para leer de cuando en cuando, sería un Shakespeare. Hay a un chelín Dicks shilling Shakespeare, que está completo. Las ediciones no faltan y creo que las baratas no son muy distintas de las más caras. En todo caso, no querría que costaran más de tres francos. 
( Fragmento de carta enviada a Theo por Vincent van Gogh. Saint-Rémy, 19 de junio de 1889).




      El primer sábado de cada mes la calle Dos de mayo se cubre de tenderetes en donde se venden los más variados artículos, desde ropa de diseño a antigüedades, pasando por quincalla, artesanía y más cosas; y también libros. En uno de éstos, un tenderete de libros usados, es donde descubrí Cartas a Theo. Este libro contiene una selección de cartas escogidas de entre las tantas que Vincent van Gogh envió a su hermano Theo en el transcurso de casi veinte años. El vendedor, sonriente tras la mesa expositora, recién instalada, señalaba con el índice al libro:

      —No lo rebajo ni un céntimo. Antes de las doce me lo quitan de las manos.

      Le sobraban argumentos para asegurarlo. Cartas a Theo es uno de esos libros que buscan los estudiantes de Bellas Artes y los aficionados a la pintura, pero que también puede tener su lugar en la biblioteca de cualquier apasionado al arte en general.

      A Vincent van Gogh el éxito no le sonrió en vida, y sobran dedos en la mano para contar las obras que vendió. Es el paradigma del genio incomprendido; para muchos artistas que no logran medrar es un referente romántico. Había ejercido profesiones tan dispares como la de comercial en una galería de arte o la de pastor protestante; en ambas fue tan manazas abrazando el éxito como cuando se dedicó a la pintura.

      Hacía 1880 Vincent decidió ganarse la vida pintando cuadros. Seguro de sí mismo y de sus dotes artísticas, le pidió a su hermano Theo, cuatro años más joven, que le financiase la carrera. El futuro no se podía presentar más halagüeño para los dos, le aseguraba Vincent, puesto que cuando se situase como pintor de renombre le devolvería cada moneda con creces. Los dos serían muy felices.

      Ese año de 1880, con 27 cumplidos, financiado por Theo, Vincent van Gogh se entregó en cuerpo y alma a la tarea de aprender el oficio de pintor. Dibujaba, pintaba y leía sin descanso. La vocación había llegado tarde y era preciso recuperar el tiempo perdido. Durante diez años llegó a crear más de dos mil seiscientas obras, entre pinturas, acuarelas y dibujos. En 1890, el «pintor de los girasoles», como también se le conoce, se suicidó.



      El libro Cartas a Theo es un como un observatorio al alma de todos aquellos que recurren al arte sinceramente, como medio de expresión, sean genios o no. Comienza con una misiva fechada en Londres, el 20 de julio de 1873. Van Gogh tenía entonces veinte años:

       El arte inglés no me atraía mucho al principio, hay que acostumbrarse a él. Hay no obstante, aquí, pintores hábiles: entre otros, Millais, que ha hecho el Hugonote, Ofelia, etc., que tú debes ciertamente conocer por los grabados: es muy bueno.


      Lo que sigue son fragmentos de cartas extraídas del libro. Llevan el lugar y fecha en que fueron escritas.

      Wasmes, junio de 1879:
       No conozco mejor definición de la palabra arte que ésta: «El arte es el hombre agregado a la naturaleza»; la naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales da expresión, «que redime», que desenreda, libera, ilumina.

      Un cuadro de Mauve o de Maris o de Israels dice más y más claramente que la misma naturaleza.


      Wasmes, julio de 1880:
       (…)
      Ahora, ¿qué hay que hacer, debo considerarme como un hombre peligroso e incapaz de cualquier cosa? No lo creo. Pero se trata de sacar por todos los medios de estas pasiones un buen partido. Por ejemplo, para mencionar una pasión entre otras, tengo una pasión más o menos irresistible por los libros y tengo necesidad de comer mi pan.
      (…)
      He estudiado más o menos seriamente los libros a mi alcance, como la Biblia y la Revolución Francesa de Michelet, y el invierno pasado, Shakespeare y un poco de Víctor Hugo y Dikens y Beecher Stowe y últimamente Esquilo y después algunos otros, menos clásicos, varios grandes pequeños maestros. Sabes muy bien que en esta categoría se encuentran Fabritius o Bida.

      Así, cuando uno vive absorbido por todo esto, algunas veces resulta enojoso, fastidioso para otros y, sin quererlo, más o menos peca contra ciertas formas y usos y conveniencias sociales.


      
      Cuesmes, 20 de agosto de 1880:
       (…). Espera, tal vez llegues a ver que yo también soy un trabajador, y aunque yo no sepa por anticipado cuáles sean mis posibilidades, sigo a la espera de hacer algún bosquejo donde podría haber algo de humano. Pero primero es necesario dibujar los Bargue y hacer otras cosas más o menos espinosas. El camino es estrecho, la puerta es estrecha y pocos la encuentran.

   
      La Haya, abril de 1882:
       (…)
      Mauve me reprocha haber dicho: «yo soy un artista», pero no me retracto, porque es evidente que la palabra lleva implícita la significación de: «buscar siempre sin encontrar jamás la perfección». Es precisamente lo contrario de: «ya lo sé, ya lo he encontrado».
      (…)
      Por lo que puedo darme cuenta, no son los peores pintores los que están a veces una semana o quince días sin poder trabajar. Hay algo que lo explica, son precisamente aquéllos «que se juegan en el arte hasta su pellejo», como dice Millet. Esto no es un impedimento, y a mi parecer es necesario cuidarse cuando hace falta. Si durante algún tiempo uno está agotado, pues se repone y descansa, y así gana que los estudios se cosechen igual que el trigo o el heno del labriego. En cuanto a mí, no pienso por el momento en descansar.
   


Paul Gaugui
      Arlés, febrero de 1888:
       (…)
      He recibido una carta de Gauguin, que dice que ha estado enfermo en cama durante 15 días. Que está sin dinero, porque ha tenido que pagar deudas ineludibles. Que desea saber si le has vendido algo; pero que no se atreve a escribirte por temor de molestarte. Que está de tal modo necesitado de ganar un poco de dinero, que está resuelto a rebajar aún el precio de los cuadros…
      (…)
      El pobre Gauguin no tiene suerte; temo mucho que en su caso la convalecencia sea todavía más larga que los quince días que ha debido pasar en el lecho.
      ¡Válgame Dios, cuándo saldrá por fin una generación de artistas que tengan sanos los cuerpos!



       Arlés, marzo de 1888:
       (…)
      Estoy leyendo Pedro y Juan de Guy de Maupassant; es muy bello, ¿has leído el prefacio, explicando la libertad que tiene el artista de exagerar, de crear una naturaleza más bella, más simple, más consoladora en una novela, después explicando lo que tal vez quisiera exactamente significar la frase de Flaubert: el talento es una larga paciencia, y la originalidad un esfuerzo de voluntad y de observación intensas?


      Arlés, junio de 1888:
       (…)
      Después de la crisis que he pasado viviendo aquí, ya no puedo hacer jamás ni planes ni nada; ahora me encuentro decididamente mejor de salud; pero la esperanza, el deseo de triunfar están quebrantados y trabajo por necesidad, por no sufrir tanto moralmente, para distraerme.


      
      Saint-Rémy, mayo de 1889:
       (…)
      Pero no te engaño, el miedo de la locura se me pasa considerablemente viendo de cerca a aquéllos que ya andan aquejados, con la misma facilidad con que luego pueda aquejarme a mí, puedo a continuación estarlo muy fácilmente.

      Antes estos seres me repugnaban y era algo desolador para mí pensar que tanta gente de nuestro oficio: Troyon, Marchal, Méryon, Jundt, Maris, Monticelli y un montón más, habían terminado así. No podía ni siquiera representármelos en lo más mínimo, en este estado. ¡Pues bien!... ahora pienso en todo esto sin temor; es decir, que no lo encuentro más atroz que si estas personas hubieran muerto de otra cosa, de la tisis o de la sífilis, por ejemplo. A estos artistas los veo recobrar su porte sereno y ¿crees que sea poca cosa volver a encontrar a los antiguos del oficio? Eso es lo que me reconforta tan profundamente.


     

Saint-Rémy, abril de 1889:
       (…)
      Hazme el favor de rogar al señor Aurier que no escriba más artículos sobre mi pintura; dile con insistencia que, para empezar, sus chismes sobre mí se engañan, puesto que realmente me siento demasiado entristecido para poder enfrentarme a la publicidad. Hacer cuadros me distrae; pero si oigo hablar de ellos, me causa una pena que él no sabe…


       Auvers-sur Oise, 29 de julio de 1890:
        (Este es el comienzo de la última carta de Vincent van Gogh a su hermano Theo. La llevaba encima cuando se pegó un tiro en el pecho).

       Mi querido hermano:

    Gracias por tu buena carta y el billete de 50 francos que contenía. Ya que esto va bien, que es lo principal, ¿por qué insistiré sobre cosas de menor importancia? ¡a fe mía!... antes de que haya oportunidad de hablar de asuntos con la cabeza más reposada, pasará probablemente mucho tiempo.

     
      Seis meses después moría Theo. Los dos hermanos están enterrados uno al lado del otro, en Auvers-sur-Oise.










domingo, 3 de agosto de 2014

El libro de los sucesos

Rudyard Kipling

   
 «Lo siento, señor Kipling, pero usted simplemente no sabe emplear el lenguaje inglés. Este no es un jardín de niños para  escritores aficionados». Con estas palabras fue despedido Rudyard Kipling (1865-1936) de su empleo de reportero en el Examiner de San Francisco. Ya para entonces había publicado su obra inmortal El hombre que sería rey .






      Este pequeño texto que acabáis de leer lo he sacado de El libro de los sucesos, de Isaac Asimov (1920-1992), publicado por Ediciones Maeva-Laser en 1987. El título original es Isaac Asimovʼs Book of Facts, (1979). Contiene 3.000 curiosos sucesos recopilados por Asimov y un equipo de expertos. Seguro que alguno de vosotros ya lo conoce. Lo he conseguido en una librería de usado. A menudo en este tipo de tiendas se hallan libros interesantes, muchos de los cuales están descatalogados y es casi imposible conseguirlos de otro modo, y suelen ser baratos.

      A mí me gustan estas lecturas, donde en un corto espacio se relatan hechos históricos sugestivos, anécdotas…, que dejan huella y la agradable sensación de haber aprendido algo más. Me recuerdan a los caramelos efervescentes que estallan en el paladar. Una literatura fresca y veraniega.

      Por otro lado, al contener historias cortas y sin un nexo de continuidad entre ellas, El libro de los sucesos se puede empezar a leer desde cualquier página. Quizá, como pega, señalar que lo he notado algo escorado hacia los Estados Unidos.

      En esta entrada me he limitado a las anécdotas literarias. Espero que lo paséis bien leyéndolas.



Isaac Asimov
    
 «Siempre me he sentido atraído por los sucesos, hechos y acontecimientos de este mundo. Ahora he elaborado un libro en que se recogen sucesos increíbles pero ciertos, hechos que nadie conocía, datos y casos que pueden ser sorprendentes, pero reales.» (Isaac Asimov, presentando El libro de los sucesos).


    

George Bernard Shaw
     


 «Sería superfluo. Ya me he conferido yo mismo esta Orden». Así rechazó George Bernard Shaw (1856-1950) la oferta de la prestigiosa Orden del Mérito de Inglaterra.





      


Emily Dickinson
      A Emily Dickinson (1830-1886), la gran poetisa americana, gloria de las letras estadounidenses, en vida sólo le publicaron 7 poemas. Tras su muerte encontraron más de 1.000 poemas en su mesilla de noche, que fueron publicados tras la previa corrección de palabras y puntuación por los editores. Hasta los años cincuenta del siglo XX no apareció una edición definitiva de su obra.  Únicamente una vez  abandonó Massachusetts, su tierra natal, y lo hizo para visitar a su padre, diputado en Washington. No salía de casa y recibía a las visitas con una pared de por medio, es decir, que hablaba con ellas desde la habitación contigua. 
      Supongo que de haber vivido actualmente encajaría bien como internauta.


D. H. Lawrence
     


Otro escritor con una manía rara fue D. H. Lawrence (1885-1930), el cual no podía reprimir el impulso de desnudarse y trepar moreras.

     



Virgilio
      


      Virgilio (70 a. C.-19 a. C.) expresó su deseo de que se destruyese el manuscrito de la Eneida a su muerte, ya que no había tenido tiempo de pulirlo. Afortunadamente el emperador Augusto lo impidió, hizo que otros limaran el manuscrito y ordenó su publicación.

     


Harriet Beecher Stowe
       

     
      A Harriet Beecher Stowe (1811-1896), entre otras lindezas, le enviaron un paquete con la oreja de un esclavo, tras publicar La cabaña del tío Tom.

      








Gustave Flaubert
     
       Madame Bovary, la famosa obra de Gustave Flaubert (1821-1880), se publicó en forma de folletín en un periódico, y fue calificada por los críticos de pornográfica. El mismo Flaubert fue acusado de dañar la moral pública y ofender la religión. La novela se vendió por millares, pero Flaubert sólo deseaba llegar a ganar bastante dinero como para poder comprar cada uno de los  ejemplares y «arrojarlos todos al fuego y jamás oír nuevamente del libro».



Hans Christian Andersen
     

      Los cuentos de Hans Christian Andersen (1805-1875) fueron recibidos con críticas de este pelo: «…muy inadecuados para niños… positivamente perjudiciales para la mente…»

    




 Herman Melville

     
      Herman Melville (1819-1891) no triunfó en la literatura hasta después de su muerte. A su obra maestra, Moby Dick, le faltaron en su momento las voces que ahora la encumbran, y fue un fracaso comercial. Le sucedió lo mismo con otras novelas. Billy Budd, inacabada, tuvo que esperar a 1924 para ser publicada, 33 años después de la muerte del autor. Desilusionado, Melville renunció a su carrera de escritor y se resignó a vivir como un oscuro empleado en la administración de aduanas de Nueva York.

     


 
Esquilo



      A Esquilo (525 a. C.-456 a. C) lo mató una tortuga que dejó caer un águila al confundir su cabeza calva con una roca.

      





Émile Zola



      A Émile Zola (1840-1902) le pusieron un cero en Literatura Francesa y fracasó en alemán y en Retórica en el Liceo de San Luis.

   







      Murasaki Shikibu (978-1026) es la autora de la novela más antigua del mundo, El cuento de Genji.  La novela narra la vida y aventuras amorosas del imaginado príncipe Hikaru Genji. En tiempos de Murasaki vivieron otras escritoras brillantes, como según dejó apuntado ella en sus diarios, pero de éstas se desconoce todo.

      





      Abdul kassem Ismael (938-995), gran visir de Persia, cuando viajaba lo hacía con los 117.000 volúmenes de su biblioteca particular. Eran transportados por 400 camellos dispuestos en orden alfabético para que los sirvientes pudieran poner sin demora en manos del Gran Visir el tomo requerido por éste.

     

Robert Louis Stevenson

     

    Robert Louis Stevenson soñó El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.
      Es curioso, pero he oído de casos similares.