Y qué harás ahora

¿Y qué harás ahora, mi querido hijo de ojos azules? ¿Y ahora qué harás, mi joven querido? Voy a regresar afuera antes de que la lluvia comience a caer, caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro, donde la gente es mucha y sus manos están vacías, donde el veneno contamina sus aguas, donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión y la cara del verdugo está siempre bien escondida, donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas, donde el negro es el color y ninguno el número, y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré, y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas puedan verlo, luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme, pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla. (A hard rain`s a-gonna fall. Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016)


martes, 6 de marzo de 2018

Sien



«Este invierno me encontré una mujer embarazada que tenía que hacer la calle para ganar su pan, ya sabes cómo. La tomé como modelo, y he trabajado con ella todo el invierno... he podido protegerla a ella y a su hija del hambre y del frío compartiendo con ellos mi propio pan». Vincent van Gogh Cartas a Theo.

El jueves, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer 2018. Christina Clasina María Hoornik, «Sien», (1850-1904) no fue una mujer especial. Era alcoholica, vulgar, gruñona y mal hablada. Se crió en la miseria y tuvo que ejercer la prostitución para poder sobrevivir ella y su familia. Ha pasado a la historia por ser durante 21 meses la compañera de un, entonces, pintor desconocido y  oscuro, tan pobre como ella.

Vincent van Gogh conoció a Christina Clasina María Hoornik, «Sien», a finales de enero de 1882. Sien, que ejercía la prostitución en La Haya, tenía una hija de cinco años y se hallaba embarazada cuando Van Gogh la conoció.

No es difícil encontrar amplia información sobre Sien en la web. Sirvió de modelo a Van Gogh en varios trabajos y el dibujo que este le hizo, Sorrow (tristeza, dolor, pena), está considerado una obra maestra. Sien no hizo nunca nada meritorio por lo que pudiera merecer una reseña. Nació en un hogar pobre, y era mujer en una época donde ser mujer suponía un infortunio añadido. No podemos saber que hubiera sucedido si Sien hubiera nacido en una familia acomodada. Habría recibido una educación esmerada, pero destinada a quedar anquilosada entre las paredes de un hogar. Aunque es posible que hubiera conseguido romper los convencionalismos de su tiempo (no sin esfuerzo y lucha), y aportado a la humanidad los impagables frutos de un talento brillante.


Van Gogh era un joven de 29 años cuando conoció Sien, y esta era una ajada mujer de 32 años. El pintor la describe alta y fuerte; vulgar, pero con cierta gracia; una belleza del montón, la cara un poco salpicada por los rastros de la viruela. Las manos de Sien no son las manos delicadas de quien se ha criado entre algodones, sino las toscas y ásperas del que trabaja duro. Sin embargo, hay en ella un rastro muy femenino, aunque no es una mujer de cualidades singulares. Habla de forma vulgar y grosera, suelta tacos y tiene estallidos de cólera difíciles de soportar:

«Una mujer alta y de constitución fuerte, de figura simple pero no carente de gracia. No es joven ni bella, la cara algo picada de viruelas, ni tiene las manos de señora como Kee*, sino las de una persona que trabaja mucho. Hay algo muy femenino en ella, pero se puede ver que no es distinguida ni extraordinaria. Su manera de hablar es muy fea, dice cosas y usa expresiones que mi hermana Wilhelmina, por ejemplo, no usaría, pero tiene un buen corazón. Su carácter, a causa de una constitución nerviosa, tiene estallidos de cólera que serían insoportables para la mayoría de las gentes, pero sé cómo tratarla.»

(*Van Gogh se había enamorado en el verano de 1881 de su prima Cornelia Adriana Vos-Stricker, «Kee», pero no fue correspondido).

A pesar de su imprevisible y, a veces, desagradable carácter, Van Gogh considera que Sien es de corazón bondadoso. La pareja vive alrededor de 21  meses juntos. Al cabo se separan. Van Gogh no dispone de suficiente dinero para vivir él, Sien y los dos hijos de esta, María y Willem, y además pagar los materiales de pintura. Las penurias y el carácter irascible de Sien hacen que finalmente Van Gogh decida continuar su vida solo. Se separan como amigos. Únicamente una vez vuelven a encontrarse. Sien había vuelto a sus ocupaciones de antes: asistenta, costurera y a la prostitución. Van Gogh escribe a su hermano Theo: «La encontré en una situación tan lamentable que me partió el corazón».

Veinte años después, Sien contrae matrimonio con Anton van Wijk, un marinero que no le hace feliz. En 1904, a los 54 años, Sien se arroja al río Escalda, en el puerto de Rotterdam, poniendo de esta manera dramática fin a su vida, una vida de tristeza, pena y dolor.
Es posible que Van Gogh y Sien no estuvieran verdaderamente enamorados, pero los meses que vivieron juntos se amaron a su manera y se apoyaron el uno en el otro para hacer más soportables sus vidas.


«Mi sentimiento por ella es menos apasionado que el que sentí por Kee, pero el afecto que siento por Sien es lo único que soy capaz de dar. Ella y yo somos dos seres desgraciados que se ayudan mutuamente, que llevan sus problemas juntos y así la infelicidad se torna en gozo y lo insoportable en llevadero». Vincent van Gogh Cartas a Theo.

(Los dibujos de esta entrada los realizó Van Gogh. En ellos aparecen Sien y sus hijos).




sábado, 17 de febrero de 2018

Zen en el arte de escribir

Ray Bradbury
 
 «Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya». Ray Bradbury.



       A Ray (Douglas) Bradbury (Waukegan, 22 de agosto de 1920 — Los Ángeles, 5 de junio de 2012), escritor que cultivó los géneros de misterio, fantasía, terror y ciencia ficción, se le conoce sobre todo por sus obras Crónicas marcianas y la archiconocida Fahrenheit 451 llevada al cine por François Truffaut en 1966.

      Hay, sin embargo, un libro, quizá poco conocido, donde Bradbury abandona el relato de ficción y se introduce en la mente del escritor que él mismo es para dar sabios consejos a los escritores desconocidos, a los que luchan por abrirse un camino en la literatura. El libro es Zen en el arte de escribir, y puede que te vengan bien los siguientes extractos si es que andas algo alicaído porque vendes poco o nada y tus sueños de independencia literaria no acaban de materializarse:

      «No escribir, para muchos de nosotros, es morir.
Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque solo sea un combate flojo. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. Acordaos del pianista que dijo que si no practicaba un día, lo advertía él; si no practicaba durante dos, lo advertían los críticos, y al cabo de tres días se percataría la audiencia.»

      «Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya.»

      «El problema para cualquier escritor de cualquier campo es quedar circunscrito por lo que se ha hecho antes o lo que se imprime día a día en libros y revistas.»

      «Al lector se le puede hacer creer el cuento más improbable si, a través de los sentidos, tiene la certeza de estar en medio de los hechos.»

      «Una vez más, no permitas que el esnobismo ajeno te impida leer a Kipling, por ejemplo, porque no lo lee nadie más.»

      «Fui lo suficientemente sensato como para no dejar de moverme, aprender, crecer.»

      «He conocido a Bertrand Russell y he conocido a Tom Mix, y mi Musa ha crecido en el abono de lo bueno, lo malo y lo indiferente.»

      «¿Quiénes son tus amigos? ¿Creen en ti? ¿O te atrofian el crecimiento a fuerza de ridículo e incredulidad?
      Si este es el caso, no tienes amigos. Ve y encuentra alguno.
      Y por último, ¿has entrenado lo suficiente como para decir lo que quieres sin sentirte maniatado? ¿Has escrito lo bastante como para estar relajado y permitir que la verdad salga sin que la arruinen poses afectadas ni la cambien el deseo de hacerse rico?»

      «Pero es fácil dudar, porque si uno mira alrededor ve una comunidad de nociones sostenidas por otros escritores, otros intelectuales, que hacen que uno se sonroje avergonzado. Se supone que escribir es algo difícil, agónico, un espantoso ejercicio, una terrible ocupación. Pero a mí, fijaos, las historias me han guiado por la vida.»

      «Hacia los catorce o quince años, mucha gente ya ha sido apartada de sus amores, de sus gustos antiguos e intuitivos, uno a uno, hasta que al llegar a la madurez no les queda nada de alegría, de garra, de entusiasmo, de sabor. Las críticas ajenas, y las propias, les han puesto incómodos.»

Moby Dick. Guion de Ray Bradbury
      «Más que pensar mucho en mi camino, he hecho cosas y he descubierto qué era y quien era después de hacerlas.»

      «Se habla mucho de los que se someten al mercado, pero no lo suficiente de los que se someten a las camarillas.»

      «Todas las artes, grandes y pequeñas, son la eliminación del exceso de movimiento a favor de la declaración concisa.
El artista aprende a omitir.»

     
«En el fondo, todas las buenas historias son de una sola clase: la de la historia escrita por un individuo con una verdad propia.»


      «Me apresuro a añadir que para el escritor principiante, imitar es natural y necesario.»

      «No hay campo malo para un escritor. Lo único que puede causar daño grave son los diversos tipos de presunción.»






  

viernes, 15 de diciembre de 2017

Bilbao

   

     
Pinchar en la imagen para ver el video de Itoiz
La Academia del Urbanismo (The Academy of Urbanism) ha concedido el galardón Mejor Ciudad Europea 2018 a Bilbao, en los premios The Urbanism Awards 2018. Ha competido con Ljubljana (Eslovenia) y Viena (Austria), las otras dos ciudades finalistas.
    He escogido un video en YouTube con la canción Lau teilatu, de Itoiz, en el que sale Bilbao. (Video de María Solt)

      He leído que Worldwide Aeros Corporation tiene en fase de pruebas al Aeroscraft, un dirigible cargado con helio y provisto con la tecnología más avanzada. Será una especie de hotel volador, de lujo, con capacidad para 180 personas. Me ha llamado la atención porque en mi libro Hades. La era del infierno, uno de los personajes, situado en las dos primeras décadas de los años 20, hablaba de los grandes zeppelines como el futuro de la aeronáutica, y me ha resultado curiosa la coincidencia. Mi intención era situar mejor al personaje en su época, en unos años en los que la aviación aún no había desbancado del todo a los dirigibles, sin pretender hacer futurismo.
      «—Exacto: parecen zeppelines. Y seguramente eso es lo que eran, pero con una tecnología avanzadísima. En mi opinión, el futuro de la aeronáutica está en los dirigibles —dijo, plenamente convencido.
—¿Qué me dice de la aviación?
—Que no sirve. Para pequeños trayectos, de acuerdo; pero no para largos viajes. Se precisa demasiado combustible, un hándicap insalvable. Para llegar a la Luna harían falta miles de galones en sus depósitos, y el calentamiento de los motores sería tremendo. Descarte la aviación. El zeppelín es el futuro. Dentro de cien años el hombre viajará en ellos a la Luna de la misma manera que los barcos viajan a América. Irán cargados de cientos de personas y toneladas de mercancías, algo que considero improbable que sea factible con los vehículos voladores a motor exclusivamente.»

      Y mientras el presidente de Estados Unidos Donald John Trump se dedica a malmeter, en Bizkaia nos dedicamos a preparar la Navidad y la fiesta de Año Nuevo.

      Puede que mucha gente se pregunte por qué se celebra la Navidad el 25 de diciembre. En el libro Roma y los bárbaros, de  Terry Jones y Alan Ereira, se dice fue Constantino el Grande, en el 352, quien estableció el 25 de diciembre como el día en que la Iglesia debía celebrar el nacimiento de Jesús. Hasta entonces se celebraba el 7 de enero, y aún siguen haciéndolo en esta fecha los ortodoxos. El 25 de diciembre los romanos celebraban la fiesta del nacimiento del Sol Victorioso, cuya figura se asociaba a la del emperador; con esta maniobra Constantino relacionaba la figura del emperador con la de Jesús. El 25 también coincidía con el nacimiento del dios Mitra, deidad de las legiones romanas.

Mitra tauróctono
      Mitra, dios solar persa, es el intermediario entre el bien y el mal, el cielo y el infierno. Representante de Ahura-Mazda (el Espíritu Generoso) en la tierra, protege a los hombres de su hermano, el perverso Ahriman (el Espíritu Destructivo). A Mitra se le conoce también como Luz del Mundo y Juez de las Almas. Los seguidores de Mitra creían que este, como Padre Celestial, recibiría a las almas puras en su mansión celeste. Creían también en el infierno y en la resurrección de la carne en el Día del Juicio Final. Su culto se realizaba en cuevas naturales o artificiales construidas para este fin. La figura con la que mayor frecuencia se representaba a Mitra es la del tauróctono — el matador de toros— en la que Mitra, tocado con gorro frigio, sacrifica a un toro con un cuchillo; un perro espera para recoger el alma del toro, mientras que los espíritus del mal —la serpiente y el escorpión—  tratan de impedirlo.

      Para finalizar la entrada, os dejo con un video que me han enviado por WhatsApp. Es una nana cantada de forma sorprendentemente maravillosa por unos chicos y una chica, de origen guineano, según me han dicho, que llevan muchos años afincados en Ondarroa; trabajan de pescadores—al menos ellos— y están muy bien considerados. La canción se titula Haurtxo polita (Niño bonito); la letra habla de una abuela que acuna al nieto para que se duerma, y si no lo hace vendrá «el perro grande». Es una canción que yo siempre he asociado a la Navidad, y como me la han mandado por estas fechas supongo que no soy el único. También parece que el video se desarrolla tras una comida que bien podría ser la cena de Noche Buena. La canción igual no os parece tan bonita como me parece a mí, a los que no sois de aquí; pero, en fin, ahí está.


      Felices Fiestas.


viernes, 27 de octubre de 2017

Teorías conspirativas: Van Gogh/Kennedy




Van Gogh. Autorretrato con la oreja cortada
      En la entrada anterior hacía mención a una teoría no aceptada: la que niega el suicidio de Vincent van Gogh. El 27 de julio de 1890 Van Gogh se pegó un tiro en el pecho cuando pintaba en la campiña de Auvers-sur-Oise.

      La teoría aparece en el libro Van Gogh: The Life de los biógrafos Gregory White Smith y  Steven Naifeh, publicado en 2011. Según White y Naifeh, a Van Gogh le disparó accidentalmente René Secrétan, de dieciséis años, un cabra loca de buena familia que andaba manipulando un revolver en mal estado cuando Van Gogh paseaba por un camino que llevaba a la mansión de los Secrétan. Los hermanos, Gastón y René Secrétan eran conocidos de Van Gogh. Con Gastón Vincent tenía una relación especial, ya que Gastón era aficionado a la pintura.

Gastón Secrétan
      «La primera vez que los hermanos Secrétan se encontraron con Van Gogh, fue aproximadamente a mediados de junio de 1890, o más exactamente 8 días antes de la apertura de la pesca, que siempre tiene lugar el tercer domingo de junio ... En junio 1890 Gastón, diecinueve años y medio, y René dieciséis años y medio, eran estudiantes de la famosa Lycée Condorcet en París, la escuela de los niños "inteligentes", y vivero de futuras celebridades. René fue mal estudiante y líder respetado (...) Gastón fue pintor, escultor y músico especializado en infantería de marina. El padre de los dos hermanos Secrétan (farmacéutico en la calle de la Pompe, París, distrito decimosexto) poseía una villa en Granville. Gastón tenía el conocimiento musical que le sirvió más tarde en su carrera como compositor. (...) Naturalmente, tuvo conversaciones sobre el arte con Vincent, quien voluntariamente buscó su compañía.»
(Víctor Doiteau. Revista Aesculape, 1956)

      De la existencia esta teoría sobre la muerte de Van Gogh me enteré por casualidad, al buscar información más precisa sobre el dibujo Sorrow (que ya conocía) para crear la portada de Hotz. De la misma manera,  por casualidad, buscando información para Hotz (en la novela aparece una breve mención al asesinato de Kennedy. Buscaba cómo se escribía el nombre del que oficialmente se dice fue su asesino: Lee Harvey Oswald) encontré que en 1994 y luego en 2003 James Earl Files se declaró autor del disparo que mató a Kennedy.
      
      James Earl Files (decía que su nombre verdadero era James Files, pero que se lo cambió en 1963), según él, sirvió 14 meses en la 82º División Aerotransportada cuando esta fue destinada a Laos en 1959. En Laos es acusado de asesinar a dos de sus compañeros y se le instruye una corte marcial en Fort Meade, Maryland. Aquí es reclutado para la CIA por el agente David Atlee Phillips. Es también por medio de este como conoce a Lee Harvey Oswald. Así mismo, fue David Atlee quien le entregó la Remington XP-100 (eXperimental Pistol number 100) con la que dice mató al presidente.


      Confesión de James Earl  Files en 1994:

James Earl Files
      «Cuando llegué al punto donde pensé que sería el último campo de tiro, me centré en el lado izquierdo de la cabeza (de Kennedy) que tenía a tiro, porque si espero más tiempo entonces Jacqueline Kennedy habría estado en la línea de fuego, y yo había sido instruido para que nada le sucediera. En ese momento pensé que esta era mi última oportunidad de acertar un disparo. Todavía (a Kennedy) no le habían disparado a la cabeza. Entonces, cuando disparé, el señor Nicoletti y yo disparamos aproximadamente al mismo tiempo y la cabeza ( de Kennedy) comenzó a avanzar y luego retrocedió. Tendría que decir que su proyectil (el de Nicoletti) impactó aproximadamente una milésima de segundo por delante del mío, lo que empujó la cabeza hacia adelante e hizo que la mía entrase por la sien izquierda y empujase la cabeza hacia atrás.»


       Confesión de James Files 2003:

      «Apunté a su ojo derecho, que para mí era el lado izquierdo de su cabeza, mirando de frente. Pero para él (Kennedy) sería su ojo derecho, y cuando apreté el gatillo… su cabeza se movía hacia adelante, y mi bala entró a lo largo de la cabeza. Justo por detrás del ojo… permítanme aclarar que nunca vi al señor Nicoletti disparar contra Kennedy, pero sé que él era el hombre en el edificio Daltex,  desde el que supongo estaba haciendo el disparo… Mientras apuntaba, la cabeza comenzó a avanzar, disparé y la cabeza volteó hacia atrás.»


      Noticia del Houston Chronicle,  publicada el 22 de noviembre de 1963. Dr.KempClark, neurocirujano:

      «Me llamaron porque el presidente había sufrido una lesión cerebral.
    Era evidente que el presidente había sufrido una herida mortal. Una bala había entrado y salido de la parte posterior de su cabeza, causando extensas laceraciones y pérdida de tejido cerebral. Poco después de que llegué, el corazón del presidente se detuvo. Intentamos reanimarlo e iniciamos un masaje cardiaco cerrado, pero fue en vano.

      Pudimos obtener un pulso palpable con este método, pero de nuevo fue en vano.
     El presidente Kennedy murió en la mesa de emergencias después de 20 minutos.»

      Según James Files, el asesinato del presidente Kennedy fue planeado por la CIA y la Mafia (Dios los cría y ellos se juntan), y en el mismo participaron los mafiosos de Chicago Charles Chuckie Nicoletti y John Bello Johnny Roselli, que dispararon desde el segundo piso del edificio DalTex; y los cubanos Posada Carriles, Eladio del Valle, Herminio Díaz y Feliz Rodríguez, (activistas de la Operación 40, unidad terrorista creada por la CIA para eliminar a jefes de estado poco afines a la política exterior de USA) que no llegaron a actuar puesto que Files había acertado en la cabeza al presidente de Estados Unidos desde el famoso montículo de hierba.

JFK
     James Files utilizó una bala de mercurio preparada por él. Disparó a Kennedy, mordió el cartucho, porque le gustaba el sabor de la pólvora, y lo arrojó al suelo. Guardó la pistola en una maleta, la dejó apoyada en la valla del montículo, se puso del revés la chaqueta reversible de ferroviario que había utilizado para pasar desapercibido, y se alejó del lugar.

      La declaración de James Files no es aceptaba como buena por la mayoría de los expertos en el caso JFK.

    Hoy se han desvelado 2.891 documentos de los archivos secretos del crimen pertenecientes al FBI y a la CIA, mientras que se mantienen en secreto otros 300 con la excusa de que podrían comprometer la seguridad nacional. No sé, pero algo me dice que las cosas van a seguir igual y que no van a aclarar nada… 





miércoles, 4 de octubre de 2017

Hotz




      Estoy con las correcciones de Hotz, mi última novela. Una novela corta de aproximadamente 25.000 palabras, de tema policiaco. Creo que podré publicarla en octubre, si tengo suerte. El argumento gira en torno a la investigación de los crímenes de un asesino en serie:

      «En Ibaihotz alguien está matando a los vecinos brutalmente. El asesino siempre emplea el mismo sistema para matar: asesta dos golpes mortales en la cabeza de la víctima, arroja el cuerpo al río Hotz y lo cubre de algas.»

      No sé cómo le irá a la novela. Yo confío en que bien, pero como tampoco es que me fíe mucho dispongo de un plan B: escribir otra novela. Precisamente, si he renunciado a la novela de extensión normal, como en Hades,  y he optado esta vez por la novela corta (¿cortísima?) es para poder escribir una segunda novela en poco tiempo, porque es muy poco el tiempo del que dispongo para escribir. Y no me refiero solo al hecho de sentarse a escribir. La novela corta puede ser una buena opción para los escritores que no somos escritores.


      Hotz puede servir muy bien para leer en el metro, en la parada del autobús o en el tren. Es de corta extensión, pero no tanto que se lea en una hora. Da para varias sesiones de lectura.

     
Vincent van Gogh
La ilustración de la portada está compuesta por una textura de gotas de agua sobre Sorrow, un dibujo que Vincent van Gogh realizó en 1882, en los comienzos de su carrera como pintor. La mujer del dibujo está embarazada. Se llamaba Clasina Maria Hoornik, «Sien», de 32 años. Van Gogh la recogió cuando Sien y su hija de 5 años, Maria Wilhelmina, vagaban sin rumbo por las calles de La Haya, un día de enero de 1882. El hijo que Sien llevaba en el vientre nacería en julio. Sien era alcohólica y ejercía la prostitución. Le solía reprochar a Van Gogh que su trabajo de pintor no le producía ningún beneficio económico. En 1883 Van Gogh y Sien se separaron. Ella se suicidó en 1904 arrojándose el río Escalda a su paso por Rotterdam. Van Gogh, como todos ya sabéis, se pegó un tiro en el pecho en 1890.

      En 2011 surgió una  teoría -aún no aceptada- que cuestiona el suicidio de Van Gogh. Según esta teoría, el pintor murió de forma accidental a consecuencia de los disparos que hizo René Secrétan, un chico de buena familia conocido de Van Gogh. Los disparos, realizados con una pistola de calibre 38, hirieron al pintor en el abdomen, el primero de ellos, y en el pecho, el segundo. Este se culparía a sí mismo para no comprometer al muchacho.



domingo, 25 de junio de 2017

La batalla


     
     

      He leído La batalla de Patrick Rambaud, y su lectura me ha sorprendido gratamente, aunque he tenido la sensación de que quizá a ratos el ritmo se ralentiza. Narra la batalla de Aspern y Elssing, vista desde el lado francés. Tuvo lugar el 22 de mayo de 1809, y en ella se enfrentaron Napoleón y el Archiduque Carlos de Austria. El resultado fue derrota táctica de Napoleón y más de 40 000 bajas entre ambas partes.

      El estilo empleado en la novela es sencillo y agradable, como corresponde a una buena obra de arte. «Sencillez», en el caso de una obra de arte significa talento y dominio del medio. En una obra literaria equivale también a horas de corrección del texto, a saber tirar a la papelera el sobrante y acertar en lo que se deja. Patrick Rambaud es un veterano escritor que sabe lo que se hace, sobrado de recursos. Puede que yo piense que en ocasiones en la novela se abusa de los adjetivos, y puede que, en realidad, los adjetivos sean los que deben ser y yo un lector poco preparado.

      Rambaud demuestra un estudio concienzudo de las guerras napoleónicas, o al menos esa es la impresión que se lleva el lector no iniciado. Una de las costumbres de los húsares franceses que he descubierto en la novela es que se dejaban trencillas para amortiguar los golpes de sable.

      Keith Carradine y Harvey Keitel, en sus papeles de oficiales de húsares del ejército de Napoleón, llevaban estas trencillas en la película inglesa Los dualistas dirigida por Ridley Scott en 1977, adaptación de la novela homónima de Joseph Conrad. Novela que os recomiendo, así como la película, si os gustan las historias ambientadas en las guerras napoleónicas.

      En La batalla Rambaud describe con realismo las terribles consecuencias de las heridas en combate, y cómo improvisados ayudantes de cirujano amputan extremidades con serruchos de carpintero o cómo los heridos graves son desechados y abandonados a su suerte.



«A pie, entre charcos de sangre y por un camino sembrado de cuerpos, Boudet se dirigió a la iglesia en ruinas. Gritos abominables ascendían desde el cementerio. Preguntó qué era aquello y un teniente de la Guardia le respondió que eran húngaros a los que degollaban con arma blanca sobre las tumbas.
—Ya no podemos cargarnos de prisioneros.
—Pero ¿cuántos son?
—Setecientos, mi general.»


   
  En La marcha de la muerte de Christopher Summerville, libro de ensayo, se relata el hecho verídico de un húsar francés que cabalga con la mandíbula colgando por un sablazo británico, lo que nos da una idea de lo violento que debieron de ser aquellos combates. Os recomiendo también este libro, que se lee de un tirón. Narra la penosa marcha del ejército británico comandado por el general sir John Moore en 1808, desde Lisboa a A Coruña, con temperaturas de más de 20º bajo cero, equipado con zapatos cuya suela se pudría por la humedad, rehuyendo el combate directo, hostigado y perseguido durante 30 días por el ejército del Imperio. Sir John moriría en A Coruña, en combate con los franceses, mientras su ejército lograba embarcar hacia las islas británicas.


Patrick Rambaud

     


      Patrick Rambaud mereció los premios Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y Goncourt en 1997. 












Iván Gil
      

      
      Además, hay también un cómic de la novela publicado por la editorial Ponent Mon, con guión de Frédéric Richaud y dibujos de Iván Gil.











Frédéric Richaud





lunes, 29 de mayo de 2017

París era un fiesta

      

      Si el lector lo prefiere, puede considerar el libro como obra de ficción. Pero siempre cabe la posibilidad de que un libro de ficción arroje alguna luz sobre las cosas que fueron antes contadas como hechos.
      Ernest Hemingway.

       (A Hemingway se le conocía por Hem, Papa, Tatie o Ernest.
      Los manuscritos en los que se basa París era una fiesta los encontró Charles Ritz, dueño del Hotel Ritz, 28 años después, olvidados en dos maletas en el sótano del hotel. Se los envió a Hemingway.
      La trama se desarrolla hacia 1925).


      Sin duda, la parte de París era una fiesta que más me ha gustado ha sido en la que Hemingway cuenta su relación en París con Scott Fitzgeradl. La primera vez que Hemingway lo vio fue estando en un bar llamado Dingo, en la rue Delambre, en compañía de unos personajes a los que califica como «compañías perfectamente malas». Scott llegó acompañado con un lanzador de béisbol llamado Dunc Chaplin, un tipo que le calló simpático a Hemingway, más que Scott.

Scott Fitzgeradl
      Hemingway describe a Scott como un hombre hermoso, con cara de muchacho aún sin hacer y se pregunta si al cabo esta resultaría guapa o graciosa: el pelo rubio y ondulado, muy rubio, frente alta, muy alta, «ojos exaltados y cordiales, y una delicada boca irlandesa de larga línea de labios». La barbilla firme, las orejas perfectas y la nariz recta.

      En el Dingo, Scott no para de alabar los cuentos de Hemingway, lo que ha este le ponía nervioso. Hemingway deseaba conocer a un escritor famoso como Fitzgeradl, y estaba encantado de tenerlo delante, pero «Entonces todavía estaba en rigurosa vigencia el código según el cual las alabanzas eran la deshonra».

      Bebieron champán, que pidió Scott, y Hemingway observó que tenía las piernas cortas y la cara ligeramente hinchada. Entonces, en un momento, de la conversación, el rostro de Scott se demuda y Hemingway, preocupado, sugiere llevarle a un hospital. Dunc Chaplin lo tranquiliza, Scott siempre se pone así cuando bebe de más y deciden meterlo en un taxi y enviarlo a casa.

      Días más tarde se vuelven a encontrar. Estuvieron hablando de escritores, editores y agentes, del mundillo literario, de los críticos y de la vida del escritor de éxito. Scott le pareció divertido a Hemingway, esta vez: «… una persona normal, inteligente y muy simpática».
      «Hablaba con desdén pero sin amargura de todas sus cosas publicadas, y comprendí que su nuevo libro tenía que ser muy bueno para que pudiera reconocer sin amargura los defectos de los libros anteriores.»

      Scott le promete a Hemingway prestarle ese nuevo libro, The Great Gatsby. «Oyéndole hablar del libro no imaginaba uno lo bueno que éste era, salvo precisamente porque él hablaba con la timidez que muestran todos los escritores no fatuos cuando han hecho algo que está muy bien».

      El libro no se vende bien, le confiesa Scott, pero tiene buena crítica. «Scott estaba sorprendido y ofendido por la poca venta del libro, pero repito que no tenía entonces ninguna amargura, y sobre la calidad del libro se le veía a la vez tímido y contento».
  
Scott y Zelda
      Scott y su mujer, Zelda, han tenía que dejar en Lyon el Renault descapotable que conducían, por culpa de la lluvia. Le pide a Hemingway que lo acompañe en tren a recogerlo. El plan consistía en coger el expreso de la mañana del día siguiente, llegar a Lyon, hacer revisar el coche, cenar y al otro día retornar temprano a París por carretera.

      A Hemingway le hace ilusión viajar con Scott, un escritor de éxito, del cual puede recibir útiles consejos durante el viaje. Aún no había leído El Gran Gatsby, y Hemingway (1899) veía a Scott Fitzgeradl (1896) como un escritor bastante mayor que él que escribía entretenidos cuentos en el Saturday Evening Post, «… pero no se me ocurrió que pudiera ser un escritor serio».

      Todavía en París, Scott se sincera con Hemingway y le dice que solía alterar sus cuentos unas vez escritos para hacerlos más comerciales, aunque fueran buenos. A Hemingway no le parece honrado actuar de esa forma, y además le parece que perjudica al talento del escritor. Scott se justifica, se ve obligado a hacerlo para poder escribir buenas novelas y estropear un cuento después de haberlo escrito honestamente no arruinaba en absoluto la creatividad.

      A Hemingway no le convencen los argumentos de Scott «… y hubiera querido discutírselo, pero necesitaba una novela en que apoyar mi convicción, y entonces yo no había escrito todavía ninguna novela. A partir del momento en que empecé a despedazar mi estilo y a desprenderme de toda facilidad y a probar de construir en vez de describir, mi trabajo se había hecho apasionante. Pero me resultaba muy difícil, y no veía modo de escribir una novela larga. A menudo necesitaba toda una mañana de trabajo intenso para escribir un párrafo».

Hadley y Hemingway
      A Hadley, la mujer de Hemingway, no le parecían gran cosa los trabajos literarios de Scott. Para ella el paradigma del escritor era Henry James. Sin embargo, le pareció una buena idea el viaje de Ernest junto a Scott.

      A la mañana siguiente, Hemingway estaba puntualmente en la estación. Se suponía que Scott debería estar esperándole con los billetes. Al llegar la hora de salida y no ver a Scott recorre el andén en su busca. Finalmente, se sube al tren en marcha y lo busca en los departamentos. No lo encuentra y le pide al revisor un billete en marcha. Hemingway está irritado con Scott, pero a lo largo del trayecto se le va pasando el enfado. En Lyon se aloja en un hotel y a la mañana siguiente le comunican de conserjería que Scott le aguarda en el vestíbulo. Scott ha tomado el tren siguiente al de Hemingway y no se explica cómo este no lo ha esperado en la estación.

      El Renault de Scott es un pequeño descapotable al cual le habían quitado la capota. Esta se había roto cuando desembarcaron el coche en Marsella, y Zelda, que odiaba las capotas en los coches, hizo que la quitaran. Una lluvia primaveral intermitente les hace detenerse varias veces y buscar refugio bajo los árboles o en los cafés de carretera. Comen pollo trufado y pan, y beben a discreción vino blanco de Mâcon.

      Scott le dice a Hemingway que había conocido a Zelda durante la guerra, y que hacía cosa de un año esta le había engañado con un aviador francés. Le cuenta varias versiones del mismo relato, pero a Hemingway le parece más triste la primera. «Scott sabía hablar y contar un relato. Hablando no tenía problemas de ortografía ni de puntuación, y no daba la impresión de analfabetismo que daban sus cartas tal como él las escribía. Fuimos amigos durante dos años antes de que aprendiera a ortografiar mi nombre».

      Una vez en París, Scott le presta El gran Gatsby a Hemingway. «Tenía una sobrecubierta chillona, y recuerdo que me avergonzaron la vulgaridad, el mal gusto y el bajo reclamo de aquella presentación. Parecía la sobrecubierta para un mal libro de ciencia ficción. Scott me dijo que no me fijara en la sobrecubierta, que el motivo del dibujo era un anuncio que había junto a una carretera en Long Island y que no tenía importancia en el relato. Dijo que al principio le gustó aquella sobrecubierta, pero que luego dejó de gustarle. Yo la retiré para leer el libro.
      Cuando terminé de leerlo, comprendí que hiciera Scott lo que hiciera, por muy mal que se portara, yo tenía que considerar que era como una enfermedad, y ayudarle en todo lo que pudiera y procurar ser un buen amigo suyo (…). Si era capaz de escribir un libro tan bueno como The Great Gatsby, no cabía duda de que sería capaz de escribir otro todavía mejor».

      Zelda no le caía bien a Hemingway. «… estaba celosa del trabajo de Scott». Cuando este decidía abandonar las juergas y escribía con regularidad «… allí estaba Zelda quejándose de lo mucho que se aburría, y arrastrándole a otra borrachera».

      Scott bebe demasiado y no logra organizar las jornadas de escritura.
      «Continuamente intentaba trabajar. Cada día probaba y fracasaba. Echaba la culpa a París, la ciudad mejor organizada para que un escritor escriba, y continuamente pensaba en encontrar algún buen lugar donde él y Zelda podrían volver a ser felices juntos.»

      Hemingway le insistía a Scott que escribiera sus cuentos honestamente «… y de que no hiciera truquitos para adaptarlos a una fórmula». Scott Fitzgeradl le contestaba que «La novela no se vende. Tengo que escribir cuentos, y tienen que ser cuentos de éxito para las revistas».

      A la vuelta de un verano sin verse, Hemingway encuentra a Scott cambiado. «Fue difícil aguantarle durante todo aquel otoño, pero en los ratos en que no estaba borracho logró empezar una novela (...) cuando se emborrachaba iba siempre en mi busca y, dentro de su borrachera, estorbar mi trabajo le daba casi tanto placer como a Zelda le daba estorbar el suyo. La cosa se prolongó durante años pero, durante años también, no tuve ningún amigo tan leal como Scott cuando no estaba borracho».


      Y Hemingway sigue hablando en París era un fiesta de su relación con Scott y de Zelda y de él y de más cosas…